Naturalizar la soledad
¿Es posible naturalizar la soledad?
Mejor formulado: no percibirla ni siquiera como tal, sino como algo más difuso (un vacío, ansiedad o exceso de productividad). No nos sentimos solos aunque lo estemos, o quizás lo sentimos pero nos distraemos rápido. Tolerar la sensación de soledad implica un monto importante de angustia; pero la angustia es, también, el desencadenante del cambio. Inmersos en estímulos que no logran colmarnos de sentido pero al menos parecen aliviar, por un momento, esa molesta sensación de no sentirnos vinculados con otros seres humanos, nos cuesta asumirnos solos en el desierto de gente (1). Creo que esto sucede por varios motivos, que intentaré esbozar a continuación.
La vida plena
La sociedad promueve, a través de su industria cultural, que el malestar se diluya mediante un consumo que se dirija al afuera, a mostrar que estamos plenos, pero no a un adentro en el sentido ateniense de indagar por qué nos sentimos como nos sentimos. Es mejor —como ironizaba Capusotto— no pensar, ya que este nos entristece, hay que salir a consumir (2). Ese mensaje, que es clima de época y que el humorista o el artista captan bien, erosiona en las personas su capacidad de agencia frente al dolor de llevar una vida insatisfactoria.
La ausencia de silencios
El silencio, en la música, no es solo ausencia de sonido. Es también expectativa, descanso; el sonido puede emerger de lo profundo de un silencio o irrumpir para despertarnos de un letargo. No es casualidad que los servicios de streaming promuevan listas infinitas, incluso mixes para que no haya interrupción entre canciones, y de esta manera sobresaturar de estímulos al psiquismo, que no puede procesar toda esta información y se resigna a un modo superficial de existencia.
Esta misma situación se replica en cada ámbito. En las redes hay mensajes que demandan nuestra atención, publicidades, noticias falsas, discursos extremos, mezclados con tendencias de moda, humor y nuevamente música. Podemos comprobarlo también con la tendencia a la luz: las ciudades se bañan de iluminación, no hay penumbra, no hay posibilidad de habitar estados transicionales (3). Esos sitios entre la realidad y el juego que nos ayudan a elaborar nuestra historia y a hacernos más espontáneos.
"El Algoritmo me escucha"
Esta frase fue pronunciada por una paciente en sesión, pero no para referirse al tradicional comentario del capitalismo de la vigilancia (4), donde nos asombra que si pensamos en un viaje ya estén en nuestra pantalla los pasajes para comprar. Más bien hacía referencia a algo más sutil. El "me escucha": sentía que al menos alguien la escuchaba. Lo que nos revela una profunda soledad, porque los roles de escucha y afecto no los encuentra en su entorno afectivo, sino en el propio algoritmo, se siente reconfortada porque al menos "apareció una imagen de alguien patinando", que en este caso hacía referencia a un deseo no concretado y siempre latente.
Claro que no apareció solo una imagen, sino una proliferación de imágenes, que confunden deseos auténticos con necesidad de evasión y tendencia a materializarlo todo demasiado rápido, además nos coloca en el campo de la comparación, el "ya es demasiado tarde", la angustia, el aislamiento y de nuevo la compra (si es posible) de algún paliativo temporal. Y esto nos puede llevar a una reflexión que hila las anteriores: no nos sentimos escuchados como personas, con la complejidad y lo maravilloso que esto implica. Vivimos inmersos en la aceleración, en el ruido estimulante, en silencios propuestos desde el marketing —yoga, meditación—, y perfeccionamientos que recaen en la exigencia sobre el sujeto, exigencia para mostrarnos pero no parar apropiarnos de nuestra historia.
Falso contacto y sustracción de presencia
El phubbing es el acto de ignorar a otra persona para atender el teléfono celular o dispositivo tecnológico; en la Argentina es considerado norma (5). Esto puede afectar a parejas, amigos y relaciones fundantes, como la de padres e hijos. Una pantalla media el vínculo: la presencia de la ausencia. La persona se sustrae por unos momentos de la situación, desconectando el fluir natural; el sujeto que queda “solo pero en presencia” siente ostracismo, aislamiento, y la propia necesidad de escapar de estos molestos afectos mediante el dispositivo, convirtiéndose en un ciclo que se retroalimenta.
Además fractura la atención, que es nuestra capacidad para concentrarnos en una determinada situación y que frente a notificaciones aleatorias se va erosionando. Es una habilidad cognitiva que se ejercita (y que también se pierde). No es casualidad que los videos en TikTok duren segundos y se reemplacen, scrolleando, por otros videos.
Volver a casa
Somos humanos, aunque a veces actuemos "por defecto" o en forma de "multitasking", aunque nos escapemos a un ciclo de productividad y tendencia a la perfección o comparación infinita. Aunque intentemos evitar nuestra naturaleza limitada, imperfecta, y al hacerlo aumentemos nuestro vacío, que busca recompensas materiales en vez de humanas. Porque las recompensas humanas no se compran en un centro comercial. Hoy está desvalorizado lo que justamente tiene más valor, pero no por eso debemos dejar de nombrarlo: un amigo, una familia, el amor, el humor, el sueño, una siesta, un verano, un paisaje. Esa es nuestra casa en el universo. No hace falta buscar mucho más allá: siempre está esperando por nuestra atención, para volver a alojarnos.
Beethoven, ya sordo y enfermo, citó a Schiller al final de su vida: "quien allá sido capaz de amar, quien haya tenido un amigo, que se una entonces a nuestra alegría". Amor y amistad, se fundieron en el mensaje de su última sinfonía como un recordatorio atemporal de lo que no debemos extraviar. Freud agregaría capacidad de trabajar, que (permítanme el atrevimiento) hace referencia a un trabajo dedicado, que nos mueve de nosotros mismos (individualismo) y nos pone al servicio de un otro, es decir, otra forma de amor.
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Los Rodríguez (1995). "Algunos hombres buenos", en Palabras más, palabras menos. El verso completo: "en el fondo estamos solos en un desierto de gente".
Capusotto, D. y Saborido, P. Peter Capusotto y sus videos (TV Pública, 2006-2021). Paráfrasis del espíritu de sus sketches sobre el consumo.
Winnicott, D. W. (1971). Realidad y juego. Gedisa.
Zuboff, S. (2019). La era del capitalismo de la vigilancia. Paidós.
Albalá-Genol, M. Á., Etchezahar, E., Gómez-Yepes, T. y Ungaretti, J. (2025). "El phubbing como norma social". Revista Latinoamericana de Tecnología Educativa, 24(1), 65-75. Estudio con 1.506 adultos argentinos (18-65 años): la mayoría percibe el phubbing como conducta normativa.